lunes, 1 de agosto de 2011

Eterno cuarto- Reescrtiura

Aurelia Sisinni
Comisión 52
Claudia Ris
Narración a partir de un elemento del evento cultural al que se asistió – Crear una narración de género ficticio
Individual
Original


El reloj marca las 6:00 AM, una vez más es hora de ir a trabajar. Desde los quince años trabajo en la fábrica de metalurgia y plástico del barrio de Almagro, IMPA. Ya es una rutina, ya es una familia la que encontré en este lugar. De lunes a sábados desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche me ocupo de purificar metales, fundir y solidificar plásticos entre otras cosas. Somos alrededor de cien trabajadores y a pesar de alguna que otra discusión, es un lugar de trabajo muy agradable y confortante…será que sólo somos hombres…
         Cualquiera que visite la fábrica creería que es un lugar frío, incómodo y muy ruidoso. Posiblemente lo sea, pero me bastan mis 38 años de trabajo para pensar completamente lo opuesto.
         Me toma un tiempo llegar al IMPA, serán entre una hora y dos las que tengo de viaje. Voy entretenido, pensando, recordándola siempre a ella. ¿Cómo es que se fue? ¿Por qué no está más? Es todo tan insólito y misterioso, no encuentro y jamás encontré una respuesta para esto. Es que fue hace dos años cuando decidí traer a mi hija Julieta a conocer la fábrica. Estuve con ella durante todo ese día; conoció y recorrió la fábrica una y otra vez, pero se hicieron las nueve de la noche y nunca apareció...
         Mientras papá trabaja podría dar un par de vueltas, no me voy a quedar todo el día acá sentada mirando. Según el mapa de la fábrica hay varios pisos…voy a empezar a recorrer. Esto es enorme, ¿Cuántos cuartos habrá en total en todo IMPA? va a ser muy fácil que me pierda, tendría que avisarle a papá por donde voy a estar…pero mejor no molestarlo…vuelvo en un rato a la puerta de entrada y tema solucionado.
 Finalmente entre tantos sitios para explorar me decidí. Este lugar es increíble, cuántas cosas para jugar y entretenerme… creo que puedo pasarme horas en este cuarto. Desde las enormes maderas hasta los tornillos más pequeños son útiles para empezar a transformarlo. Empecé con las piezas de mármol y un par de tablas para armar algunas mesas. Las tuercas y los pernos me sirvieron  para hacer ruido, mucho ruido…pude armar unas maracas. Seguí buscando cosas, descubrí unas planchas de corcho que se veían muy aburridas…necesitaban un poco de color. Después de husmear por varios cajones  tres tarros de pintura aparecieron en uno de ellos: uno rojo, otro amarillo y el último verde, alcanzaban. Me choqué con unas rejillas de metal…las desarmé, las pinté y las colgué…era importante que la habitación termine bien decorada. Todo estaba quedando muy bien, pero se seguía viendo un poco sucio. Barrí el piso y luego le quité el polvillo a las cosas que había creado.
Empecé a oír ruidos…alguien se estaba acercando. Tocaron la puerta.
-¿Quién es?- dije.
-Facundo, el hijo de Raúl- respondió.
-¿Raúl?- pregunté sorprendida.
-Sí, el que trabaja en el segundo piso con la máquina de aluminio ¿Puedo pasar?
-Sí pasá, pero cuidado con los tarros de pintura.
Facundo entró al cuarto; no lo conocía, pero parecía simpático y creo que tenía alrededor de 15 años, como yo. Me ayudó a armar un par de sillas y a colgar unas torres que había inventado con unos discos de plástico. Era más alto y más fuerte que yo, así que colaboró mucho con el armado del cuarto, hasta conectó un par de cables para poder iluminar mejor la pieza.
-Gracias, estaba un poco aburrida recorriendo la fábrica y descubrí este lugar.
-Quedó muy bien… ¿venís seguido?
-No, hoy la conocí. Está buena, me gusta…seguro venga más seguido.
-Yo vengo siempre, a veces ayudo a mi papá y otras me la paso yendo de piso en piso. ¿Vivís cerca?
- No, tengo como una hora o más de viaje…pero quería conocer el lugar de trabajo de mi papá, así que no dude en venir en cuanto me invito. Y…ya que tanto conoces me vas a poder ayudar a seguir ideando el cuarto.
-Claro que sí, cuando quieras.
Cerré la puerta y Facundo me acompañó a buscar a mi papá. Dimos muchas vueltas, las maquinas ya no hacían ruido, el día de trabajo parecía haber finalizado.
No sé bien qué hora era, pero realmente, para mí, el tiempo no había pasado.
Encontré a papá, estaba caminando hacia la puerta con destino a casa. -¿Vamos? Facundo viene con nosotros, su papá se fue y mejor que no vuelva solo-, le dije. Me miró sorprendido y se le pusieron los ojos llorosos. Su mirada era muy extraña, estaba emocionado, extrañado y hasta desconcertado...su cara de asombro me asustó, era como si no me reconociera o no entendiera lo que estaba pasando.
No me preocupé, cosas de padres, y seguimos caminando hacia la salida.   

Ese cuarto de la fábrica que nadie valoraba y todos ignoraban tenía, en realidad, mucho más valor del que todos creían. Sólo una niña supo descubrirlo y dejarse atrapar por sus encantos escondidos, encantos que detenían el tiempo.  Habrán sido las ganas de crear de esta pequeña, la iniciativa y el entusiasmo, los que dieron lugar a este nuevo  mundo en la sencilla habitación.


No hay comentarios:

Publicar un comentario